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Solidaridad con Cuba Política DEBATEN CODIGO DE TRABAJO EN CUBA
DEBATEN CODIGO DE TRABAJO EN CUBA PDF Imprimir E-mail
Viernes, 11 de Octubre de 2013 11:28

“Puede afectar conquistas y derechos de los trabajadores alcanzados con la Revolución"


(AW) Desde el 20/7 al 15/10 , en todos los centros de trabajo en Cuba se debatirán las reformas al código de trabajo. José Alejandro Rodríguez en el diario Juventud Rebelde, el 28 de septiembre, expresó su preocupación por que “puede afectar conquistas y derechos de los trabajadores alcanzados con la revolución” y “la maldita herencia de viejos formalismos que tanto nos han lastrado: el pasar por alto, en una aburrida lectoría sin mera preparación y motivación, lo que trasunta esta excepcional convocatoria. Algo así como cumplir un mero requisito, llenar una insulsa acta, y aquí todos contentos”. Desde el grupo opositor Red Observatorio Crítico señalan que en ninguna parte del anteproyecto aparecen resguardos contra la discriminación, no aparecen menciones explicitas a la discriminación por orientación sexual, ni el derecho al trabajo de las personas discapacitadas y seropositivas. El mismo grupo denuncia haber sido hostigado por la policía cubana por debatir las reformas al código de trabajo, en una plaza pública.

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No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.”
¡Hasta la victoria siempre, Comandante Che Guevara!

La luz de la discrepancia

José Alejandro Rodríguez • Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
28 de Septiembre del 2013 21:17:23 CDT
No es para asumirlo formalmente, con el aburrimiento de lo preconcebido. El Anteproyecto de Código del Trabajo que se somete hoy a consulta con todos los trabajadores para enriquecerlo con la sabiduría popular, es algo muy serio, que decidirá los principios, el carácter y los alcances de las relaciones laborales en la Cuba del siglo XXI.
Aunque poco se ha filtrado aún de los aportes y tendencias más recurrentes en su discusión en los colectivos del país, el proceso de análisis se muestra nada lineal ni homogéneo, como reflejo de una sociedad que se diversifica, en tiempos de cambio.
Entre esos matices, no podía faltar en ciertos sitios la maldita herencia de viejos formalismos que tanto nos han lastrado: el pasar por alto, en una aburrida lectoría sin mera preparación y motivación, lo que trasunta esta excepcional convocatoria. Algo así como cumplir un mero requisito, llenar una insulsa acta, y aquí todos contentos.
Pero allí donde se sopesó la trascendencia de este «parlamento obrero» —a la usanza de aquel aluvión democrático de los años 90 del pasado siglo—, se están generando controvertidos debates en torno al papel del trabajo en nuestra sociedad, las relaciones empleador-empleado, los desafíos que tiene el sindicato en medio del proceso de cambios que registran la economía y la sociedad cubanas, y los derechos y deberes de los trabajadores, entre otros tópicos que necesitan una relectura y actualización.
A nadie le es ajeno en este proceso de análisis que, tal como se delinean los cambios en el país, en consonancia con los Lineamientos Económicos y Sociales del Partido y la Revolución, vamos dejando atrás el acendrado paternalismo estatal que tanto acomodó a las personas a esperarlo todo de arriba. Pero, en la propia discusión del Anteproyecto, se vislumbran preocupaciones en cuanto a que esta excesiva sobreprotección que hoy se revierte, vaya a dar el bandazo —característico en Cuba— de afectar conquistas y derechos de los trabajadores alcanzados con la Revolución, y facilitar concepciones tecnocráticas.
Otra inquietud, que comparte este redactor, es que con la diversificación de formas de propiedad y de gestión, la reaparición de empleadores privados, una suerte de patronos redivivos, vaya a dar al traste con ciertos derechos de los trabajadores en la práctica cotidiana, más allá de la legislación y las normativas que puedan preservarlos de palabra.
También hay que meditar profundamente que con la tan ansiada descentralización de la empresa estatal, y la toma de decisiones allí abajo, algo tan saludable para la economía y para la democracia, pueden producirse injusticias y decisiones arbitrarias que solo los controles sistemáticos y un sindicato fuerte y representativo puedan neutralizar.
Estamos delineando, con el aporte de todos, el principal cuerpo legal en materia de trabajo del país. Y no podemos soslayar que, con el aún vigente Código del Trabajo que será reformado, se registran muchos quebrantamientos de la legislación laboral, indisciplinas y violaciones que no siempre encuentran un desenlace justiciero riguroso por parte de las instituciones.
Por lo tanto, podremos enriquecer el Anteproyecto, y aprobar en nuestro Parlamento, el Código del Trabajo más avanzado y abarcador; pero, si no lo hacemos cumplir en la vida cotidiana, habremos perdido la batalla en la construcción de nuestro modelo de socialismo. Ahí nos va todo.
En tal sentido, un horizonte de descentralización y diversificación, un país que cada vez más se gestará mucho más desde abajo, requiere de un movimiento sindical muy fortalecido y protagónico, que, como Lázaro Peña preconizó, estuviera al lado de la Revolución, pero en su rol de contrapartida, defendiendo los derechos de los trabajadores, y no en papel de segundones de la administración. Un sindicato que logre el verdadero empoderamiento de los trabajadores mediante diversas formas participativas más allá de palabras y meras intenciones, en la dirección y el control de la gestión estatal y pública, y en la extirpación del maldito burocratismo y autoritarismo que tanto nos frena.
Si se ha convocado a debatir masivamente el Anteproyecto de Código del Trabajo, es porque nadie puede arrogarse la última palabra sobre tema tan cardinal. Y porque la verdad se construye mejor entre todos. Mucho nos enseñó el debate popular de los Lineamientos, que dejó un sendero y un estilo de la democracia de alcances aún insospechados para nuestro socialismo.
No le temamos a las discrepancias en el análisis del Código del Trabajo. De ahí saldrá la luz que no dejará apagar el socialismo cubano.


Policía cubana obstaculiza debate del Código de Trabajo
Publicado en octubre 7, 2013 de luchatuyucataino
Por Isbel Díaz Torres
Este sábado fui citado a la Estación Policial de 23 y C, en el Vedado, donde un agente del Ministerio del Interior me amenazó con tomar represalias contra mí y mis compañeros de la Red Observatorio Crítico, si debatíamos públicamente el Anteproyecto de Código de Trabajo.
Omar (así se llama el policía) fue explícito al decir que no vacilará en hacer uso de la fuerza para impedir que se repita algo como lo sucedido el pasado domingo 29 de septiembre, cuando unas 13 personas debatimos el documento en el popular parque El Curita.
Aunque el Partido Comunista y la Central de Trabajadores de Cuba han llamado a este debate, Omar decidió que tal cosa solo puede hacerse en los centros de trabajo, bajo la égida de las administraciones y sus fieles secciones sindicales; y para colmos, este policía parece disponer de las estructuras de poder para hacer cumplir sus deseos.
Según Omar, nuestro encuentro en el parque es un delito que no volverán a permitir. Dice él que violamos la Ley de Asociaciones. Una integrante del OC acaba de revisar esa Ley, y no encontró tipificado en ella ningún delito semejante a sentarse en un parque y conversar.
No obstante, Omar profirió la amenaza de enviar un patrullero a mi centro de trabajo y sacarme de allí esposado frente a mis compañeros, en caso de que desoyéramos su mandato.
Un agente que lo acompañaba (de unos ojos azules bellísimos, por cierto) también me advirtió que no permitirían ninguna actividad contrarrevolucionaria, a lo cual respondí que yo me sentía más revolucionario y más de izquierda que ellos.
Aunque Omar me concedió la libertad de reconocerme como revolucionario, está claro que estábamos hablando de dos conceptos de revolución diferentes: el de ellos relacionado con la conservación acrítica del status quo, y el mío con el afán de desenajenar y socializar la capacidad de autogestión popular.
A mi salida, Omar retuvo a mi compañero Jimmy Roque, quien no había sido citado oficialmente a la estación, y le profirió las mismas amenazas de represión violenta.
Lo cierto es que el ultimátum ha sido dado. Puede ser un bluffing, de esos que ellos acostumbran, pero pudiera no serlo. Sería más vergüenza añadida al ya vergonzoso e ilegal tratamiento que la policía política cubana ofrece a los disidentes de la derecha.
Ahora también cargarán con los socialistas críticos. Supongo que pronto se sentirán felices, en paz, cuando en silencio tengan para sí todo el poder, y logren imponer un inédito capitalismo revolucionario a la cubana, bien custodiado por sus escopetas.
Mientras ello no suceda estaré acá, con mis utopías, con mis compañeros, trabajando en los barrios, limpiando el malecón, sembrando árboles, denunciando las violaciones de los poderosos, solidarizándome con sus víctimas, haciendo poesía, y a mi modo, construyendo otro socialismo.
Agradezco a los compañeros que desde Europa, América Latina y EE.UU. llamaron para mantenerse al tanto de lo que sucedía, y también a quienes aquí me acompañaron en esa agitada mañana sabatina.


Trabajo y Democracia en Cuba: Voces, silencios y miedos
Publicado en octubre 4, 2013 de luchatuyucataino
Por Rogelio Manuel Díaz Moreno
Como habrán notado las personas que visitan más asiduamente nuestro portal, los miembros del Observatorio Crítico prestamos una tremenda atención a los procesos que ocurren actualmente en nuestro país, particularmente alrededor de la proposición y discusión del Anteproyecto de Código Laboral. En este momento, consideré que bien valía la pena referirnos a algunas notables voces que se han expresado o callado elocuentemente en el panorama nacional.
Alguien con suficiente curiosidad, se preguntará de dónde salió la idea de que el país necesitaba actualizar el código viejo. Y no encontrará ninguna fuente que le indique un origen entre las personas trabajadoras. Si estas tienen un especial interés común, más bien se trata del imperioso clamor por elevar los salarios, cuyo paupérrimo nivel ha sido reconocido por el presidente del país, general en jefe Raúl Castro.
La máxima dirección sindical, cuyos oídos permanecen pétreamente sordos a tales demandas, despliega sin embargo una inusitada actividad en este asunto de la discusión del nuevo código. De aquí que su actitud vuelve a lucir impostada, mera voz de muñeco de ventrílocuo al servicio de los que verdaderamente cortan el bacalao acá en Cuba. La verborrea abundante de los exégetas de siempre no logra animar el tétrico panorama: en los centros de trabajo que conocemos, hemos recogido la misma impresión de enajenación, fatalismo e indiferencia entre los trabajadores, que apenas se han molestado en conocer los acápites del Código que más los van a afectar.
Otro silencio de lo más revelador es el de los grupos de la disidencia tradicional, por llamarlos de alguna manera que todos identifiquen fácilmente. Estas personas, que acostumbran a criticar y demonizar todo lo procedente del gobierno, permanecen esta vez plácidamente al margen. Y nos resulta evidente que la causa de este silencio debe estar relacionada con la felicidad de encontrar que el gobierno que todavía proclama defender el socialismo les facilita, espontáneamente, una parte importante de sus programas políticos, dígase, la ampliación y el fortalecimiento de las estructuras capitalistas en Cuba.
Ahora, no todo ha sido silencio, ni el Observatorio Crítico ha sido el único en percibir los mortales peligros que presenta el engendro de marras. No hace mucho llegó a nuestras manos un documento preparado por trabajadores de la empresa de la goma de San José de las Lajas, municipio cubano de gran actividad industrial. Este colectivo fue de los que no se resignaron a quedarse con los brazos cruzados y elaboraron un concienzudo estudio sobre la peligrosa evolución que significa el nuevo documento. Donde más me impresionaron, fue al señalar un hecho que yo había pasado por alto por mi desconocimiento del Código viejo: la nueva mentalidad que nos pretenden imponer abandona el principio de que el trabajo es un deber, así como un derecho, para toda la ciudadanía del país.
Como periodista de medios oficiales, Francisco Rodríguez Cruz, Paquito el de Cuba, ha hecho, desde Trabajadores, un loable trabajo al destacar cuántas lagunas debe solventar también el documento en materia de protección de minorías y sectores discriminados. Finalmente, José Alejandro Rodríguez publicó, en su columna de Juventud Rebelde, un trabajo de mérito excepcional, que demuestra a la vez que acrecienta el tremendo prestigio que se ha ganado este valiente redactor. Rodríguez ha sentido un número de preocupaciones, extraordinariamente parecidas a las nuestras, y demostró el nervio necesario para plasmarlas en la edición del 28 de septiembre del periódico, bajo el título La luz de la discrepancia. Estas preocupaciones se relacionan con los aires neoliberales del proyecto de Código de Trabajo y la necesidad de acción por parte de organizaciones sindicales de mucha más valía que las actuales, para proteger un poco a las vapuleadas masas, humildes y trabajadoras, que son apartadas cada vez más del protagonismo en el proyecto de país que tiene la clase burocrática, autoritaria, dirigente cubana.
Este sábado, un valioso miembro de nuestro grupo, Isbel Díaz Torres, ha sido citado por la policía por un motivo que desconocemos, pero presumimos relacionado con nuestra actividad pública de crítica contra el famoso proyecto de Código Laboral. Obviamente, todo el Observatorio Crítico es partícipe de la zozobra de nuestro hermano y comparte el resultado y sus consecuencias. De poseer la necesaria ecuanimidad y discernimiento, el oficial u oficiales que lo interroguen no podrán sino reconocer la justicia de nuestros argumentos; nuestro compromiso con una causa que puede ser la de cualquier familiar, compatriota nuestro y de ellos mismos.
Con un muy humano sentimiento de miedo, esperamos a ver qué sucede. Mi opinión personal es que presionarnos, por divulgar públicamente nuestros criterios, sería tan disparatado como arrestar a todos los vendedores de la edición del 28 de septiembre pasado del Juventud Rebelde, luminoso portador de la discrepancia de José Alejandro Rodríguez. Por montones de razones, a pesar de nuestros miedos, persistimos en nuestra actitud, pues el miedo mayor, el que sí nos moviliza y compulsa a la acción, es el de que se concrete el advenimiento del sistema neoliberal en nuestro suelo, y que no se haya siquiera sembrado la semilla de las futuras luchas, resistencias y seguras victorias populares.

 

Julio López

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